"Sin los cálculos precisos podríamos volar hacia el interior de una estrella" (Han Solo)
Desde la aparición del hiperimpulsor, en los primeros días de la Antigua República, ha sido una necesidad trazar rutas seguras a través del hiperespacio. Esta tarea la llevaron a cabo exploradores que saltaban a ciegas intentando encontrar nuevos sistemas habitables (o habitados) o buscando atajos para viajar más rápido de un punto a otro.
Las dos primeras grandes rutas que se cartografiaron fueron el Corredor Corelliano y la Ruta Comercial Perlemiana. La exploración continuó principalmente entre estas dos rutas, dando lugar a la zona conocida como La Rebanada. Hasta hace unos miles de años, las zonas de La Rebanada más allá de la Región de Expansión eran conocidas por el nombre de Frontera Galáctica, ya que estaban, en su mayor parte, inexploradas. Todavía hay partes de la galaxia sin cartografiar, las llamadas Regiones Desconocidas y una buena parte del Espacio Salvaje.
En los remotos días de la Antigua República, las rutas hiperespaciales estaban marcadas por boyas de salto, que contenían información sobre fenómenos espaciales, velocidad galáctica y coordenadas de destino que permitían calcular una ruta supuestamente segura entre su localización y el punto de destino deseado. Una boya solo podía enviar a una nave a un número limitado de boyas preconfiguradas. Esta red de boyas permitía viajar teóricamente a cualquier lugar, pero la duración del viaje podía alargarse meses a incluso años dependiendo del número de boyas intermediarias, teniendo en cuenta además la degradación de estos aparatos. La Oficina de Rutas Espaciales de la República mantenía una flotilla de reparación y mantenimiento de las boyas, pero el elevado número de éstas mantenía los niveles de eficiencia óptima al 80 por ciento.
El Gremio de Navegantes se encargaba de distribuir los nuevos mapas de astrogación que los intrépidos exploradores hiperespaciales cartografiaban, pagando a éstos una parte de las ganancias generadas por los comerciantes que utilizasen estas rutas. El Gremio asignaba unas categorías de peligrosidad a estas rutas, siendo más rentables las rutas más seguras y cortas.
Normalmente los exploradores utilizaban microsaltos hacia zonas desconocidas, siguiendo la dirección que parecía llevar hacia algún sistema planetario. Algunos, arriesgando sus vidas, elegían coordenadas de salto al azar esperando encontrar una ruta que les reportase grandes beneficios.
 

El explorador hiperespacial Starbreaker 12 y la nave sonda Astrolabio
El Imperio redujo la exploración interestelar a buscar nuevas civilizaciones que anexionar, ya que el Emperador consideraba que colonizar nuevos mundos hacía más difícil el control sobre el Imperio. El Cuerpo de Reconocimiento Imperial, una división de la Marina Imperial, era el encargado de llevar a cabo esta tarea. El CRI catalogaba un nuevo mundo para el Imperio cada 207 minutos.
Trazar rutas hiperespaciales puede ser tedio y peligroso. El primer viaje a un nuevo sistema requiere que el explorador haga varios micro-saltos. Al final de cada salto, se deben hacer barridos de sensores para buscar restos espaciales y otros posibles peligros hiperespaciales. Debido a que la ruta es completamente desconocida, el viaje supralumínico debe ser lento para que los sensores tengan tiempo suficiente para detectar los obstáculos del camino y sacar la nave del hiperespacio antes de la colisión. Una vez completado el viaje, el explorador puede encadenar el recorrido de los micro-saltos en una nueva ruta.
Aunque hay muchas naves preparadas para explorar el hiperespacio, como el Star Cab de Orlean, el Vangaard Pathfinder o el Explorador Solitario de Sienar, la Nave Sonda de clase Astrogador es la más preparada de su tipo.
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Sección creada para SithNET por Christian 'Alakran' Rubio. Maquetado por el Coronel Kurtz.
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